Publicado en Entretenimiento

PERO ¿QUIÉN ANDA AHÍ? II.

Aquello que no ves, también existe…. Foto de Elena. M

Sus hijos, tras ser conocedores de lo acontecido, intentaron evaluar los hechos y darles algún tipo de explicación lógica. Los padres, de unos 70 años, eran personas que no tenían ningún tipo de enfermedad senil ni demencia, por lo que los hijos no quisieron preocupar más a sus padres.

Son de estas historias que no crees, pero al oírlas de boca de tus progenitores no te queda otro remedio que analizar muy bien qué decirles. Vosotros poneros en el pellejo de esos hijos ¿creeríais a vuestros padres?

Acordaron dejar estos incidentes así de momento y esperar unos días.

Pasaron algunas semanas y todo seguía más o menos igual. La puerta del armario día si y día también seguía abriéndose por las noches. Ya no tenían tanto miedo y pasaron a tomarlo cómo una situación habitual más.

Una noche el señor se levantó para ir al baño y cuando iba a abrir la puerta se volvió trás oír unos pasos:

__¿Eres tú cariño?__

Al vorverse no había nadie y se sorprendió porque oyó claramente pasos detrás de él. Se quedó un poco extrañado, pero en esos momentos no conectó esta situación con la del armario. Pensó que había sido producto de su imaginación.

Oír pasos detrás de él pasó a ser usual y ya, más conscientes de estos fenómenos inexplicables, empezaron a sentir una sensación de intranquilidad mucho mayor. Ellos me contaban, que no tenían miedo, era más bien un desasosiego por no poder traducir lógicamente lo que estaban viviendo.

El tiempo pone todo en su lugar, pero a veces Chronos juega con nosotros y nada es lo que parece…. Foto de Elena. M

Quiero hacer un inciso, yo estaba con la boca abierta porque no había conocido a nadie que hubiera tenido este tipo de experiencias. Había leído, oído, visto en televisión historias, pero que alguien delante de mí hubiera vivido estas situaciones paranormales, me dejaba sin armas para analizar coherentemente todo lo que estaban contando. Los sucesos me atraían, a la vez que me asustaban.

Yo estaba atónita porque en mi fuero interno me repetía que sería íncapaz de convivir con todos estos fenómenos.

El señor José y su esposa decidieron no conceder más importancia a todos esos sucesos y dejarlos cómo si nada pasara, así, a lo mejor, desaparecían de la misma manera que habían llegado.

Por otra parte, todo lo que se “manifestaba” era escuchado por ellos, hasta ahora no habían visto nada ni a nadie. De esta manera, muy dentro de ellos, se seguían autoconvenciéndo que todo lo que estaban percibiendo bien pudiera ser algún tipo de paranoia en grupo. Aunque contaban que lógicamente lo que oían era tan real cómo la situación actual en la que me estaban narrando esta historia.

La vida siempre nos presenta varias perspectivas de una misma verdad.. Foto de Elena. M.

Un día en que el hijo menor (el que no era médico) fué a cenar, estaban en la mesa del comedor y de pronto cayó de encima del mueble_ librería una especie de astilla grande de madera que sobresaltó a los tres integrantes de la mesa. No supieron muy bien de donde había salido y quedaron extrañados. La señora lo tiró a la basura y cual fué su sorpresa que a la mañana siguiente la astilla estaba en el pasillo. En ese momento todo cambió.

En ese instante empezaron a tomarse muy en serio lo que estaba pasando. Todas estas experiencias pasaron de ser simples anécdotas a algo mucho más real. A mí se me antojaba estar leyendo un relato de Allan Poe.

Al enterarse el hijo pequeño de que su madre por la mañana había encontrado la astilla en el pasillo, cómo si alguien la hubiera sacado de la basura y la hubiera tirado al suelo otra vez, tranquilizó a sus padres y decidieron que hablarían todos juntos para tomar una decisión. Si había que vender la casa se vendería.. El padre me explicaba que estaban más asustados su hijos que ellos..

Continuará…..

Autor:

He aprendido a disfrutar con las cosas pequeñas y con las buenas personas que me rodean.

2 comentarios sobre “PERO ¿QUIÉN ANDA AHÍ? II.

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