Publicado en Entretenimiento

A VECES, HAY QUE SER UN POCO DEMONIO…

Me planteo mis creencias, pienso en mis valores, escudriño mi lección de vida aprendida, al final, me convenzo que he perdido mucho tiempo siguiendo todas las reglas.

No es hora de ser rebelde, no es hora de ser déspota ante mis enseñanzas, pero ahora ha llegado el momento de gritarme a mi misma ¡levántate y anda!

He descubierto que ser buena nena no era bueno, buena nena quería definirme cómo pasiva, conformista, incapaz de batallar… Ahora he sido consciente de todo.

Mi madre me enseñó a confiar en los demás, con su ejemplo aprendí que hay que ser humilde, mi padre me infirió fuerza para luchar por lo correcto, y ambos hicieron de mí lo que soy ahora.

Pero todas las lecciones que aprendí antaño, siento que las he desarrollado ahora, todos los libros leídos me han despertado ahora de la ensoñación con la que he vivido toda la vida.

Eres buena nena cuando no te enfrentas, cuando tus gustos van acorde con lo establecido, cuando ante una manipulación te dejas dominar por personas que llegan a tu vida.

He abierto tanto mi mente que siento cómo el eco de mis ideas gritan a pleno pulmón para alentame y valorarme. Dispongo de tanto espacio para cargar nuevas enseñanzas que mi cerebro no para de alzar la voz para que siga.

Quise agarrar el tiempo y meterlo en una jaula de oro para que no siguiera contando los minutos, pero desgraciadamente el tiempo no se detiene.

Quién se detiene soy yo cuando la vida pasa ante mis ojos y me mantengo impasiva dejando que todo fluya. Porque al fin y al cabo si corres para vivir deprisa te pierdes las historias del camino.

Por mucho que quieras atrapar los momentos éstos pasan para no volver. Aprovecho cada instante para estar preparada cuando la suerte me encuentre. Foto de Elena. M.

La habitación es mi fuerte, las sábanas mi escudo ante el mundo y mis libros son el transporte que utilizo para corretear por el universo.

Quiero emocionarme al ver algo por primera vez, quiero experimentar la emoción de hacer algo nuevo, quiero seguir teniendo la inquietud de aprender.. Y así lo hago.

No quiero pensar en hacer lo aconsejable en todo momento, no me apetece a seguir teniendo dudas existenciales. Los nombres que les ponemos a las cosas, a las aptitudes, a las virtudes, son tan relativos que cada vez intento salir de los estereotipos.

¿Por qué todo ha de ser clasificado? Te gusta o no te gusta, pero nuestras mentes etiquetadas nos dicen:” ya eres mayor para eso” ….. Foto de Elena. M.

A veces no me siento identificada con nada ni con nadie, a veces me siento singular, me siento que no “me pega” vivir en este momento. Observo a la gente y no tienen nada que ver conmigo. Tengo unos valores que, quizás, me sobrepasan y no admito flaquezas.

Sé de antemano que si flaqueo pierdo, cuando no estoy alerta a los acontecimientos me saturan, las personas no son honestas conmigo porque se creen con el derecho a ser perdonadas y cuando no lo hago se enfrentan a sus propios miedos que se reflejan en mis ojos.

Tengamos en cuenta que todo lo que admiramos u odiamos en el otro, es lo que valoramos y odiamos en nosotros mismos. No podemos odiar un aspecto del carácter de alguien si no lo hemos experimentado, ni podemos vanagloriar una virtud si nosotros mismos no somos poseedores de ella. Ésto, es quizás, lo que más me ha costado asimilar, pensar que aquello que nos gusta o no, es un reflejo de nosotros mismos.

Pero si el ser adulto te impide decir lo que piensas, hacer lo que quieres, entonces no he madurado lo suficiente.

No quiero tener tacto para que nadie se ofenda, no quiero mentir para eludir preguntas incómodas, no quiero pensar que algo no lo he de hacer porque soy demasiado mayor.

En mi habitación de la adolescencia sigo parapetada porque me siento segura y veo la vida desde otra perspectiva que me hace indagar más en lo que es importante y lo que no lo es.

Y después de lo mucho vivido os quiero confesar que todos mis anhelos estaban aquí, que todos mis sueños partían desde aquí,que todas mis armas se diseñaron aquí y que la gran luchadora en la que me he convertido se talló aquí.

Así que estoy donde había de estar y hago lo que tengo que hacer para obedecer a mi corazón y a mi cerebro, que por primera vez, están de acuerdo en algo.

A veces hay que ser un poco demonio para ser féliz.

Autor:

He aprendido a disfrutar con las cosas pequeñas y con las buenas personas que me rodean.

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