Publicado en Entretenimiento

La fábula del búho.

Un búho inquieto por aprender todo lo que estuviera a su alcance llevaba tiempo preguntándose qué pasaría en la vida a la luz del sol. Él sabía, por sus mayores, que el día era muy íncomodo para su especie, pero aún así no podía negar que le producía mucha curiosidad descubrir otra perspectiva.

Un día tras mucho pensarlo decidió que dormiría por la noche y durante el día recorrería los valles para ver cómo se veía su entorno a la luz del sol.

Así lo hizo, a la mañana siguiente se despertó con mucho cuidado para que la claridad no dañara su mirada y empezó a volar entre los árboles.

Sus ojos grandes y profundos no podían parar de mirar todo a su alrededor. Vió las aguas cristalinas del río, el verdor de los campos y el color tan intenso de las flores. Se maravilló de comprobar que el cielo era de un azul cegador y que las nubes eran blancas como el algodón. Se sorprendió tanto que estaba casi sin palabras porque no se imaginaba que todo lo que le envolvía tuviera tal cantidad de color y a cual más perfecto. Comprendió que todo era distinto de día. La vida parecía otra a la luz del sol. Había animales que ni conocía y lugares que tenían mantos de flores imperceptibles de noche. Miró al sol y vió la grandeza de su luz, se maravilló por las aguas del mar y su espuma de un blanco perfecto. Desde entonces se prometió que una vez al año viviría de día para seguir descubriendo los colores de la vida.

Y es que la gente es cómo ese búho que mira las cosas y a los demás desde una única perspectiva y se encierran en una sóla versión sin querer ver la vida con otros ojos.

Algunas personas no son humildes ni benevolentes con el resto y se ponen una venda imaginaria para no ver la esencia de los demás con un criterio diferente al suyo.

Nos autocegamos y nos negamos por miedo o desidia a descubrir nuevos mundos y nuevas vidas sin saber que más allá de lo que conocemos hay una existencia llena de experiencias nuevas.

Quien no descubre no vive, quien no experimenta no vive, quien no desafía no vive, quien no sueña no vive y quien se cierra a comprender al resto no vive. Quien habita en una burbuja de pensamientos únicos, de posicionamientos unilaterales o quien ve las cosas sólo en blanco y negro, cómo el búho, se habrá perdido la esencia de la vida.

E. M

Autor:

He aprendido a disfrutar con las cosas pequeñas y con las buenas personas que me rodean.

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